Guía (2025) - Cómo comprar un arma en Chile
Recuerde: No existe legítima defensa sin medios de defensa.
Guía (2025) - Cómo comprar un arma en Chile
Recuerde: No existe legítima defensa sin medios de defensa.
Lo primero es lo primero.
Abordemos un poco primero la razón, los miedos, responsabilidades y deberes, los usos, asimismo de los prejuicios y verdades personales, emocionales, situacionales, legales y del armamento en si.
Siendo yo de filosofía y postura que la población debiese estar armada y el Estado no debiese atravesar mucho los límites del derecho civil, es indispensable fiscalizarse uno mismo y plantearse de manera honesta los propios impulsos y reacciones en la vida cotidiana. Especialmente en los peores momentos de enojo, cuando aparece el miedo, o ante una situación de peligro inminente que se mezcla con una circunstancia personal delicada. Considero que resultaría poco productivo quedarse únicamente en lo axiomático de que si una persona no atraviesa un periodo de estabilidad y buen manejo de impulsos, la discusión sobre el derecho o la conveniencia de poseer un arma pierde sentido práctico. La responsabilidad personal y el autocontrol no son accesorios en el tema, sino condiciones previas indispensables, no porque el arma implique violencia por definición, sino porque es una herramienta cuyo uso indebido puede derivar en ella. No me malentiendan, no toda falta de disciplina o impulso personal es relevante; los errores cotidianos o conductas inofensivas no inciden en la capacidad de poseer un arma. Lo que sí resulta crítico son aquellos impulsos que, bajo enojo, estrés o miedo, pueden materializarse en acciones violentas contra otros. Desde la perspectiva de un derecho, esto no invalida su ejercicio; al contrario, lo refuerza, al exigir un estándar de conducta acorde al riesgo potencial involucrado.
Sin ser experto ni pretender serlo, la psicología y el psicoanálisis reconocen límites claros en el control y la predicción del comportamiento humano. Freud señalaba que gran parte de nuestra conducta está mediada por procesos inconscientes e inaccesibles. Por ello, la criminología moderna considera que los crímenes graves, de carácter intencional, perverso y despreciable, son fenómenos complejos y muy difíciles de anticipar con certeza. Ningún Estado puede fiscalizar eficazmente la mente ni garantizar que nadie actuará de manera violenta en el futuro. Pretender lo contrario, más allá de los casos obvios que requieren control, como individuos con antecedentes por crímenes violentos, denuncias por VIF o incapaces absolutos o relativos, conduce a sobrecontrolar la libertad de los ciudadanos, basándose en peligrosas ilusiones de seguridad y privando al ciudadano de la herramienta de protección que puede ejercer responsablemente, además de ignorar el hecho indiscutido de que, incluso en los Estados, ejerciendo el monopolio de la fuerza bajo los mismos pretextos de garantizar la seguridad, han operado individuos con la peor perversidad moral del alma humana, dando como resultado histórico que los Estados han sido responsables de los mayores homicidios y atrocidades. La verdadera garantía está en la responsabilidad individual, familiar y social, y en un marco legal claro, basado en derechos protegidos, igualdad ante la ley y reacción acompañada de consecuencias definidas por el abuso, con la confianza de que los individuos capaces de autocontrol son quienes deben ejercerlos. El énfasis no está en un control omnipotente ni en la burocracia tediosa y poco justa que detallaré en esta guía, sino en un equilibrio entre libertad y responsabilidad, sin renunciar al derecho fundamental de portar armas ni asumir que se puede garantizar seguridad absoluta.
Hay que alejarse de lo que uno puede creer debido al consumo de media hollywoodense (eso aplica a todo) de la cruda realidad y el vaivén emocional y físico que uno puede experimentar al momento de tener que hacer uso efectivo del arma. Creer que tener un arma es poseer un talismán de seguridad sino que puede que sea una desventaja si no se poseé con responsabilidad, puede dar una valentía artificial que se esfuma violentamente al primer segundo de un enfrentamiento real y puede ser un factor de peligro para quienes viven contigo.
Un disparo desde los calibres más pequeños es un estruendo que uno no esta acostumbrado a escuchar que como consecuencia, muchas veces acompaña una perdida de audición momentanea junto a un pitido (aquí un ejemplo que encontré en YouTube), además lo acompaña un pateo (retroceso, recoil) del arma. Eso sumado a la situación del peor de los casos en que se tenga que utilizar lleva a las siguientes preguntas de autoreflexión: ¿podré utilizarla en esa situación? ¿podré yo quitarle la vida a un hombre con tal de proteger la mía o de mi familia? ¿cómo he reaccionado anteriormente a situaciones similares de peligro? ¿cómo he reaccionado ante mis impulsos (de todo tipo)?... La verdad cruda es que disparar no es un acto limpio ni silencioso; es una explosión ensordecedora a centímetros de tu cara que te dejará con un pitido constante en los oídos y luchando contra el retroceso del arma justo cuando tu cuerpo pierde la motricidad fina por el estrés, y si a ese caos sensorial le sumas la falta de memoria muscular o, más grave aún, la duda moral, estás sentenciado. Porque el verdadero seguro no está en el arma, sino en tu cabeza: si hoy, en la calma, tardas más de un segundo en responderte con certeza absoluta si serías capaz de matar a otro hombre para defender a tu familia, en el momento crítico esa vacilación te paralizará, convirtiendo tu propia arma en un regalo para el agresor y transformando una situación de defensa en una tragedia irreversible donde tu falta de resolución será tu peor enemigo.
Una forma muy util de responderse esas preguntas con franquesa es que no tengas ninguna duda en la respuesta como tal, que en menos de unos segundos te resuelvas con certeza en tu acción, de lo contrario, son altas las posibilidades de que en que si llegase a ocurrir el momento de la tan desgraciada e indeseada situación en que uno tenga actuar, no puedas y termines en una disyuntiva aun más infavorable para ti y quienes estan contigo.
Conderaciones técnicas
A base de los postulados de Oscar Albino y el concepto de "poder de detención" que se puede revisar en el texto que escribí es fundamental de no debe interpretar la compra y uso de un arma y munición como si alguna tuviese una propiedad mágica en su tamaño o calibre como se tiene socialmente un mal concepto a base de falacias, mentiras y sensasionalismo político y comercial, sino como la capacidad física del proyectil para transferir la totalidad de su energía cinética al blanco sin atravesarlo, transformando esa velocidad en un impacto traumático masivo. Albino sostiene que para lograr una incapacitación efectiva, es imperativo que la munición logre un equilibrio entre penetración y expansión; si el proyectil perfora el cuerpo y sale, se lleva consigo gran parte de la energía que debería haber servido para generar el "shock hidráulico" y la cavidad temporal, reduciendo drásticamente la capacidad de colapso del agresor. Por ende, la balística de detención es pilar clave para el momento de defenderte ya que centra en la mecánica de fluidos dentro del organismo: una punta que se deforma y frena bruscamente genera ondas de choque que dañan tejidos adyacentes al canal de la herida, aumentando las probabilidades de un cese inmediato de la acción hostil.
Sin embargo, la física del proyectil es inútil sin la correcta ubicación del disparo porque la unica detención inmediata con un sólo tiro que puede ser garantizada fisiológicamente se produce por la desconexión del Sistema Nervioso Central (cerebro o columna alta) o por la ruptura de grandes vasos que provoque una caída abrupta de la presión sanguínea. En este sentido, enfatizo en que un calibre marginal impactado en una zona vital es infinitamente superior a un arma con un calibre potente como a lo Clint Eastwood en .44 Magnum impactado en una zona periférica o no vital; la confianza no debe depositarse ciegamente en las tablas de energía o fórmulas matemáticas como las de Taylor especialmente en conceptos políticos carentes de todo respaldo de definición y categorización siendo entre ellas como la de "armas de guerra", "armas mortíferas" o "armas peligrosas" sino en la selección de un arma y munición que garantice la penetración suficiente para alcanzar órganos vitales y en la pericia del tirador para colocarlos allí bajo estrés.
Legalidad
Las armas en Chile son reguladas con la Ley 17.798 de Control de Armas y Explosivos, asimismo resoluciones y decretos administrativos. Chile funciona bajo un sistema altamente restrictivo donde la posesión de armas de fuego no es un no es tratada como un derecho a pesar de que debiese, sino un injusto privilegio con regulado que diferencia tajantemente entre "tenencia" y "porte" y una activa discriminación entre uniformados y civiles.
La tenencia es lo único a lo que puede aspirar un civil, permite tener el arma inscrita y guardada exclusivamente en el domicilio declarado, domicilio laboral siendo una oficina particular o sitio de deporte, y sacarla de ahí sin un permiso de transporte llamada la "guia de libre transito" para los que la inscriban para defensa ó sin el "permiso de transporte" (no porte) para deportistas o cazadores, es un delito. El porte como llevarla cargada contigo en la mochila, adherida a tu cuerpo o en la guantera del auto está practicamente prohibido para civiles, reservado casi exclusivamente para los funcionarios de las Fuerzas Armadas y de Orden, así como los que están retirados.
Para inscribir un arma, la ley exige un proceso tedioso ante la Dirección General de Movilización Nacional (DGMN) y Carabineros que incluye ser mayor de edad, no tener antecedentes penales ni registros de violencia intrafamiliar, y aprobar tanto un examen de conocimientos técnicos como una evaluación psiquiátrica que certifique tu aptitud mental.
Las modificaciones recientes a la ley han endurecido el escenario: se aumentaron las penas por tenencia ilegal, se prohibieron las armas modificadas o de fogueo adaptables, y se exige un registro de la "huella balística" del arma antes de entregarla. Un punto crítico es la responsabilidad del dueño: si te roban el arma y no lo denuncias de inmediato, o si esta aparece en un delito por no haberla custodiado bien, enfrentas consecuencias legales severas aunque tú no hayas apretado el gatillo.