Santiago, 27 de diciembre del 2025
Ian Roeschmann d.l.R.
Santiago, 27 de diciembre del 2025
Ian Roeschmann d.l.R.
Balística de Detención: Fundamentos y Aplicaciones para la Defensa
El elegir que arma comprar o usar para para la defensa no puede entenderse como una mera discusión sobre calibres, velocidades o diseños de la munición sino que entender que hay una disciplina integradora que incluye física, fisiología del trauma, psicología humana y los límites jurídicos. Por lo mismo, me basaré en un increíble libro de Oscar Albino, un ex-militar argentino que escribió "Nociones de balística para armas menores" y este libro es un excelente referente técnico especialmente si tenemos el castellano como lengua materna, este libro se peina en lo que respecta a la balística de efectos y del concepto de poder de detención de un atacante.
Antes que todo esto se trata de un tema completamente defensivo, y tal como yo lo menciono en mi guía "Como comprar un arma en Chile" es clave entender «o al menos tener presente con la reflexión o conclusión que usted tenga respecto al tema» de que el comportamiento humano no es plenamente predecible ni controlable, especialmente en lo que respecta a la violencia. A base de tanto con la psicología y el psicoanálisis que gran parte de la conducta está mediada por procesos inconscientes como con la criminología moderna, que esta reconoce que los crímenes macabros lamentablemente no son tan simples de prevenir y anticipar, tienen una complejidad pero al menos como consuelo tienen una baja frecuencia. Desde esta base, resulta ilusorio suponer que el Estado pueda fiscalizar eficazmente la mente o garantizar que nadie actuará violentamente en el futuro. Incluso bajo el monopolio legítimo de la fuerza, la historia demuestra que estructuras estatales han albergado individuos con graves desviaciones morales y han sido responsables de homicidios y atrocidades masivas. Este límite estructural del control refuerza la centralidad de la responsabilidad individual y del conocimiento técnico en cualquier discusión seria sobre defensa.
Ya abarcado ese tema podemos dirigir la discusión en el plano estrictamente balístico que plantea Albino, en el cual organiza el fenómeno del disparo en fases claramente diferenciadas balística interior, intermedia, exterior y terminal subrayando que la balística de efectos constituye el punto de contacto entre la física y el cuerpo humano. Para este punto, detalla una distinción poco entendida entre los que no se manejan en el tema que es lo que es en efecto una"bala" y un"proyectil". La bala es el cuerpo inerte contenido en el cartucho; el proyectil es la bala en movimiento, portadora de energía cinética. Sólo el proyectil, y no el cartucho en abstracto, puede producir efectos incapacitando tejidos vivos.
El núcleo teórico de Albino descansa en la energía cinética, definida por una formula que con toda franquesa no la retengo en mi mente, pero que espero explicar correctamente dice que el concepto de energía cinética, es donde la velocidad del proyectil cumple el rol central, ya que su efecto aumenta de forma desproporcionada al incrementarse. Sin embargo, Albino es majadero en establecer que la energía disponible no equivale necesariamente a energía transferida. Es decir, un proyectil puede poseer una energía elevada pero producir efectos menores si atraviesa el cuerpo sin perder velocidad. En cambio, aquellos proyectiles que logran ceder eficazmente su energía al tejido generan una mayor capacidad de incapacitación, incluso cuando su energía total es más moderada. Una forma más banal de plantearlo es que el tamaño no lo es todo. Asimismo la identificación de un umbral mínimo de energía transferida (68 julio según el libro) es suficiente para producir incapacitación humana si dicha energía se deposita en estructuras vitales. Esta cifra, utilizada en medicina legal y reconstrucción forense, pone en evidencia la vulnerabilidad del cuerpo humano frente a fuerzas focalizadas y desmonta la idea de que solo armas de alta potencia pueden resultar letales o decisivas. En este sentido, la discusión va desde la magnitud abstracta de la energía hacia la eficiencia de su transferencia y la interacción con los tejidos.
La balística de efectos se manifiesta principalmente a través de dos fenómenos siendo estos la cavidad permanente y la cavidad temporaria. La primera corresponde al tejido destruido de manera irreversible por el paso del proyectil y es la principal responsable del sangrado y del daño orgánico directo, especialmente en proyectiles de baja y media velocidad. La cavidad temporaria, en cambio, surge de la transferencia radial de energía que expande los tejidos en milisegundos; su capacidad lesiva depende de la elasticidad del órgano afectado. El libro refuta mucho el supuesto mito de la “onda de choque letal” en tejidos blandos, señalando que, dado que la velocidad del sonido en el cuerpo humano es muy superior a la de la mayoría de los proyectiles, no se generan efectos sónicos destructivos comparables a los imaginados popularmente, salvo en órganos con interfases líquido‑gas; personalmente yo tengo la postura de que, al igual que los tejidos, depende del tejido, organo o parte del cuerpo pase el proyectil.
En cuanto al denominado poder de detención (stopping power), se reconoce una ambigüedad conceptual y propone entenderlo como una probabilidad de incapacitación inmediata, no como una garantía absoluta. Desde esta perspectiva, la detención de una agresión puede producirse por tres mecanismos:
-La interrupción directa del sistema nervioso central
-El colapso circulatorio progresivo
-El shock psicológico
El shock psicologico aunque real, es altamente variable y poco confiable, especialmente en contextos de drogas, estrés extremo o alta determinación. Se revisa de una manera nueva usando una fórmula (Hatcher) donde integra peso, velocidad, área frontal y forma del proyectil para estimar de manera relativa su capacidad de producir efectos incapacitantes.
El diseño y el material del proyectil son factores importantes. La densidad seccional permiten anticipar la capacidad de penetración, mientras que la morfología y los materiales determinan cómo se comporta el proyectil al impactar. Por tanto no existe una solución universal porque cada combinación de masa, velocidad y diseño implica compromisos entre penetración, transferencia de energía y estabilidad, lo que refuerza que la balística es un sistema y no una suma de cifras aisladas. El calibre .38 no es mejor que el .380, 9mm o un .22, todo depende de una serie de factores, usos y consideraciones, ver de otra manera el tema y simplificar las armas o municiones por sólo simplismos caen en un engaño comercial y en una ignorancia política.
La aplicación de estos principios a la defensa se enmarca en una doctrina sobria y desmitificadora. No hay absolutamente ningún parámetro técnico que sustituya los factores humanos como la precisión, autocontrol y el conocimiento de uso al igual de sus limitaciones fisiológicas y legales. La balística no promete seguridad absoluta ni detenciones instantáneas infalibles; un "balazo" no es sinónimo de atacante neutralizado, ofrece, en cambio, un marco racional para entender probabilidades, límites y consecuencias. La defensa responsable no se apoya en ilusiones tecnológicas ni en el sobrecontrol estatal, sino en el equilibrio entre libertad y responsabilidad, en el conocimiento técnico y en la aceptación de que toda intervención armada implica riesgos que no pueden eliminarse por completo.
Un ejemplo claro fue un incidente que trato de unmalabarista abatido por un Carabinero en Panguipulli, ilustra de manera dramática los límites de la balística de detención. Pese a que se realizaron disparos con proyectiles de suficiente energía cinética, el resultado no siempre es inmediato; un individuo bajo estrés, adrenalina o condiciones imprevistas puede no ser detenido instantáneamente, recordando que el poder de un arma es una construcción probabilística basada en transferencia de energía, interacción tisular y comportamiento humano. Además, en la misma situación, objetos como machetes a pesar de que pudiesen haber sido utilería, son más que suficientes para generar en cualquier persona una reacción de miedo, sumisión o acción defensiva, demostrando que la amenaza percibida es tan relevante como la efectividad técnica del arma. La interpretación superficial de estos eventos por medios, políticos o la sociedad puede provocar disturbios, incendios y reacciones colectivas exageradas, mostrando cómo la combinación de mala percepción social y falta de comprensión técnica puede "arder" una sociedad, incluso cuando el incidente real podría haber sido manejable con conocimiento y responsabilidad.
En términos políticos recuerdo el penoso episodio ocurrido en la Comisión de Defensa del Senado, donde el Senador Álvaro Eguizalde, desde una posición de privilegio político, económico y social, y con un desconocimiento evidente de la materia, defendía con fervor la prohibición de armas semiautomáticas en manos de civiles, sin distinguir siquiera entre armas automáticas, semiautomáticas ni los principios técnicos básicos involucrados. Lamentablemente, diversas organizaciones y actores políticos que dicen respaldar la tenencia de armas incurren en errores similares, entregando este derecho a una discusión banal, simplista y poco rigurosa. Estas decisiones no afectan únicamente a objetos o mecanismos inertes, sino que inciden directamente en la capacidad del ciudadano de ejercer su derecho a la legítima defensa, no solo frente a delincuentes que evidentemente no respetan la ley, sino también frente al propio Estado, cuyo poder debe ser siempre limitado y controlado. En el fondo, se pone en juego un derecho fundamental: la autodeterminación y la defensa de los propios límites personales frente a cualquier entidad que los vulnere.
Al igual que todas las materías que existen en la sociedad, el contar con una perspectiva integrada y bases científicas sólidas sobre la balística aplicada a la defensa y alejarse tanto del fetichismo del calibre como de los prejuicios y simplificaciones técnicas, judiciales, legislativas o sociales, es fundamental para cualquiera que pretenda ejercer un poder regulatorio sobre las armas. Comprender los antecedentes históricos, sociales y humanos, junto con los fundamentos de la física y la medicina legal, permite reconocer que el poder de un arma y sus efectos, incluida la capacidad de detención, es una construcción probabilística. Esta depende de la transferencia de energía, la interacción con los tejidos y el comportamiento humano, y solo puede analizarse con rigor cuando se admiten los límites del control estatal, de la técnica y de la propia responsabilidad individual.
Ian A. Roeschmann d.l.R.